En las vísperas del Día del Amor y la Amistad, las estadísticas oficiales revelan un cambio de paradigma en la sociedad mexicana. Los datos más recientes del INEGI (2026) confirman una tendencia que ha venido gestándose durante las últimas dos décadas: el matrimonio tradicional está cediendo terreno frente a nuevas formas de convivencia, mientras que el deseo de conectar con los seres queridos choca con la falta de tiempo.
El declive del “sí, acepto” ante el registro civil
La radiografía de la situación conyugal en México ha dado un giro drástico. En un periodo de 20 años (2005-2025), el porcentaje de personas de 15 años y más que optaron por el matrimonio disminuyó del 47.6% al 36.3%.
En contraste, la unión libre ha experimentado un auge sostenido, pasando del 11.1% al 17.6% en el mismo periodo. Estas cifras sugieren que las parejas jóvenes priorizan la flexibilidad y la convivencia previa por encima de la formalidad legal.
Diversidad y matrimonios igualitarios
El registro de matrimonios en 2024 también refleja una sociedad más inclusiva. Aunque el 98.7% de las uniones legales se dieron entre contrayentes de diferente sexo, los matrimonios entre personas del mismo sexo ya representan el 1.3% del total nacional, consolidándose como una realidad jurídica y social en todo el país.
La crisis del tiempo: ¿Estamos conviviendo lo suficiente?
Más allá de los papeles legales, la encuesta pone el foco en la calidad de vida. Un dato revelador es que el 56.2% de la población unida (casada o en unión libre) manifestó que le gustaría destinar más tiempo a la convivencia con familiares y amigos.
Este deseo de mayor cercanía social es un síntoma de las jornadas laborales y las dinámicas modernas. Sin embargo, en términos de satisfacción personal, los mexicanos siguen calificando su vida afectiva con notas altas:
- Vida afectiva: El promedio de satisfacción es de 8.1 (en una escala del 0 al 10).
- Vida social: Se mantiene en un sólido 7.8.
Curiosamente, los hombres reportan niveles de satisfacción ligeramente superiores en su vida social en comparación con las mujeres, una brecha que invita a reflexionar sobre la distribución de las cargas domésticas y el tiempo de ocio.
El amor en el México de 2026 no ha desaparecido, pero se ha transformado. Los mexicanos hoy eligen unirse con menos formalidades, son más diversos y, aunque se sienten satisfechos con sus parejas, reclaman a gritos más tiempo para lo más importante: los afectos.









