Querétaro vive días intensos.
Decisiones judiciales polémicas, desfiguros mediáticos y definiciones estratégicas de partidos, así se dibuja un panorama que obliga a tomar postura desde la claridad.
Corridas de toros suspendidas: cuando el activismo se vuelve negocio… y ser taurino, cobardía
La reciente cancelación de otra corrida de toros en Querétaro, ahora en San Juan del Río, no es un hecho aislado. Forma parte de una tendencia nacional e internacional donde la protección a los animales ha ganado terreno en la agenda pública. Negarlo sería simplista, y esta tendencia ha sido eficazmente aprovechada como parte de una estrategia bien articulada que utiliza el discurso del bienestar animal como vehículo de posicionamiento político y económico.
Personajes como Jerónimo Sánchez, desde la organización Animal Heroes, y la “activista” Erika del Rosario Rosales Moreno han encontrado en esta causa un modelo de negocio rentable: financiamiento internacional, donaciones y reflectores políticos. No es casualidad que estas agendas coincidan con campañas publicitarias en Querétaro de la asociación internacional PETA contra las corridas de toros y con intereses partidistas; ahí está el antecedente de la propia Erika Robles como candidata del PT, aliado de Morena, en un estado gobernado por el PAN, y la iniciativas prohibisionistas que desde la izquierda en el Congreso local, ignoran la declaratoria de la tauromaquia como patrimonio cultural inmaterial del estado.
Más grave aún es el papel de un juez que, más que impartir justicia, parece actuar desde la ideología. La concesión de amparos sin un análisis técnico sólido y, peor todavía, la intención de extender criterios a futuro, constituye una extralimitación inconstitucional que raya en lo dictatorial. No se puede ignorar el derecho de todos los involucrados: ganaderos, toreros, empresarios y miles de familias que dependen de esta actividad. Siguiendo los mismos criterios, infinidad de actividades como la charrería, la equinoterapia, las granjas infantiles y hasta la carnita asada los domingos estarían proscritas.
Y, como si no fuera suficiente, resulta absurda la intención de los promoventes de esos amparos que amenazan con “denunciar” a la secretaria de Cultura, Ana Paola López Birlain, por facilitar espacios a la comunidad taurina. Es el mundo al revés: ahora resulta que promover el arte y la cultura (aunque no guste a todos) es motivo de persecución.
Pero si alguien merece una crítica frontal es la propia comunidad taurina. Su silencio es ensordecedor. Su pasividad, inaceptable. Frente a una amenaza real (económica, cultural y ecológica), han optado por la comodidad del mutismo. De acuerdo con la propia asociación ganadera en Querétaro, existen más de 12 mil hectáreas dedicadas a la crianza del toro de lidia; eso es 5 veces el área protegida del Parque Nacional del Cimatario. En esa extensión, las ganaderías del campo bravo resguardan ecosistemas valiosos y una biodiversidad única. Destruir eso no es un triunfo moral, es una tragedia ambiental.
Lo más indignante es ver a ganaderos, empresarios, políticos y figuras públicas que durante años presumieron amor por la tauromaquia, hoy escondidos. Ni Dios ni la historia suelen ser amables con los tibios.
Medios: soberbia, decadencia y el peor ejemplo posible
En otro frente, un episodio reciente exhibió lo peor de un sector del periodismo local. Las declaraciones de un director de medio, minimizando la ausencia de mujeres periodistas en un evento de la Sedena y afirmando que “no importaban”, no solo fueron torpes: fueron profundamente arrogantes.
El problema no es únicamente lo que dijo, sino lo que representa. Existe un pequeño grupo de comunicadores que, durante años, ha gozado de privilegios y cercanía con el poder. Esa burbuja ha generado una desconexión peligrosa con la realidad y, peor aún, una soberbia que termina por traicionar cualquier principio básico de ética profesional.
Su posterior “disculpa” fue igual de desafortunada: no hubo reconocimiento del error, solo el lamento de haber sido “demasiado franco”. Es decir, no se arrepiente de lo que piensa, solo de haberlo dicho en voz alta.
Este tipo de actitudes, además, terminan alimentando narrativas que generalizan conductas individuales como si fueran problemas estructurales. Y no: los comportamientos reprobables tienen nombre, apellido y trayectoria. No representan a todos.
Paradójicamente, en un momento donde los medios tradicionales han caído en la menor relevancia frente a plataformas digitales, deberían ser ejemplo de rigor, ética y profesionalismo. Hoy, en muchos casos, son justo lo contrario: un recordatorio de todo lo que está mal en la comunicación.
PAN y su reinvención: abrirse o diluirse
Finalmente, el anuncio del Partido Acción Nacional de abrir todas sus candidaturas a la ciudadanía rumbo a 2027 pone sobre la mesa un debate de fondo: ¿ganar elecciones a cualquier costo o mantener identidad y principios?
La discusión no es menor. El propio gobernador Mauricio Kuri lo planteó con claridad en su recientemente estrenado pódcast: sin ganar elecciones, un partido no tiene razón de ser. Del otro lado, voces como la de su primer invitado, el alcalde de Corregidora, Josué Guerrero, defienden la necesidad de preservar la esencia ideológica, adaptándose sin perder el rumbo.
Ambas posturas tienen razón… y riesgo.
Abrir candidaturas puede devolver legitimidad y oxígeno a un partido que necesita reconectar con la ciudadanía. Pero también abre la puerta al mayor peligro de la política moderna: el culto a la popularidad por encima de la capacidad.
México ya ha pagado caro ese error. Celebridades, deportistas y personajes mediáticos han llegado al poder impulsados por su fama, no por su preparación ni trayectoria, y los resultados han sido, en demasiados casos, escándalos, corrupción o lastimosa incompetencia.
Lo mismo ocurre con las ideas “populares”. No todo lo que suena bien funciona bien. El país es prueba viva de cómo decisiones tomadas desde el aplauso fácil pueden destruir instituciones, debilitar libertades y generar retrocesos profundos.
El PAN enfrenta una encrucijada: renovarse sin diluirse. Abrirse sin perderse. Escuchar a la ciudadanía sin caer en la trampa del oportunismo.
El desafío, entonces, no debería ser elegir entre abrirse o cerrarse, sino definir reglas claras: filtros, formación, trayectoria y compromiso con una visión de país. Sin esos elementos, cualquier proceso de apertura corre el riesgo de diluir más de lo que fortalece.
A guisa de remate
Los tres temas parecen distintos, pero comparten un hilo común: la ausencia de congruencia.
Activistas que lucran, jueces que militan, taurinos que glorifican la valentía y cuando más importa callan. Periodistas que pontifican sin ética. Partidos que dudan entre convicción y conveniencia.
En política y en la vida pública, la falta de claridad siempre termina pasando factura. Y en Querétaro, varias facturas están comenzando a cobrarse.
Gracias por sus amables comentarios y considerar compartir.









