Por: Claudia Santillana Hace 17 años tuve cáncer de mama. De el más agresivo, decían los médicos pero puedo hoy decir que no lo fue tanto puesto que aún estoy de pie. Tenía yo 29 años. En ese entonces el cáncer de mama sólo era posible de entenderse que le diera a las mujeres mayores, no a mujeres jóvenes. Pero me dio a mi en plena juventud.
Afrontarlo no fue fácil. Mis padres y mi hermana que hoy ya se encuentran en otra dimensión me ayudaron a sostenerme, y un hombre que me amo a pesar de mi circunstancia. Gracias a que mi padre fue muy previsor toda su vida yo contaba con gastos de seguro médico por lo que apenas puedo entender que hace la gente hoy en día que tiene que acudir al Seguro Social o a instituciones públicas .
En aquel entonces trabajaba como maestra por lo que tenía que ir al IMSS a sacar mi incapacidad. Cada vez que iba estaban ahí hombres y mujeres , niños y niñas en la búsqueda de una esperanza o en búsqueda de atención. Yo contaba con ella también, imagino más rápido, más pronta que aquellos que esperaban su turno.
En ese mismo año mi única hermana enfermo de cáncer. Ahora entendía a la enfermedad desde el lado de el familiar. Buscar desesperadamente la atención para ella, porque en cada da diagnóstico había una mala noticia, pero también ella contaba con gastos de seguro médico y aún así era aterrador.
Ella no pudo con la batalla pero fue una guerrera, mucho más que yo, y ahora no puedo ni siquiera imaginar el horror que viven todas las personas que tienen cáncer o los padres de familia de niños con cáncer que con desesperación buscan atención para ellos o sus seres queridos, buscan opiniones y una esperanza.
No puedo entender cómo es que se le niega el medicamento contra el cáncer a un niño, no puedo imaginar el miedo de los papás y la tristeza de los pequeños que muchas veces se preocupan más por los papás que por ellos mismos.
Años después la vida me pondría en un lugar en donde tuve contacto con niños con cáncer, un hospital público en Queretaro; en ese entonces, antes de la llegada de Obrador, la vida de esos pequeños parecía transcurrir dentro de el horror y el dolor con normalidad. Recibían su medicamento, recibían atención psicológica y acompañamiento e incluso dentro de el hospital estudiaban su primaria o secundaria. Eran compañeros de batalla como yo y veía con esperanza su lucha y con fe su recuperación. Pero después todo cambio.
Con la llegada del Presidente Andrés Manuel LópezObrador llegó la pérdida de empleo y empecé a darme cuenta de todo el caos que hoy ya es una realidad a la que me niego a acostumbrarme. Hoy mis ojos y oídos ven y oyen a madres y a padres de niños con cáncer desesperados por el desabasto de medicamentos oncológicos para sus hijos.
Soy psicóloga y como tal también he sabido de casos de desabasto en cuanto a medicamentos psiquiátricos lo cual considero gravísimo porque al menos en Querétaro y se a nivel nacional ha habido muchos casos de suicidios y considero que todo tiene mucho que ver.
¿Qué está pasando? No lo comprendo.
Quiero creer que las intenciones de Obrador fueron buenas, ordenar y recomponer muchas cosas pero para saber ordenar y recomponer hay que saber por donde empezar y cómo hacerlo sin que las personas más frágiles y vulnerables de una sociedad como lo son los niños sufran.
Debió de haberse replanteado el tema de una manera más profunda antes de causar este caos en torno al tema de salud.
El Gobernador dé Querétaro Pancho Dominguez ha hecho un esfuerzo titánico porque prevalezca lo que fue el Seguro Popular que aquí funcionaba muy bien, pero imagino que no es fácil lidiar con la necesidad y la cerrazón de un presidente que no siente, no escucha y que no ve ni entiende.
Yo no me he sentado a quejarme nada más mirando este caos, he tratado de alzar la voz y ser esa voz de pequeños y padres desesperados por encontrar sanación y esperanza para sus pequeños, quiero ser esa voz de adultos que claman por atención médica, por un trato digno y justo.
Quiero entender que si sigo viva debe de ser por algo, que quizá mi misión sea esa, porque no concibo la vida de estas personas que sólo buscan sanarse o que sanen sus seres queridos y toparse con negativas, con puertas cerradas, con filas y filas para lograr la atención.
Sé bien que las cosas en el sector salud en México no han sido tampoco de primer mundo, sin embargo ahora al ver cómo estamos, nunca imagine que pudiéramos estar peor, pero si… lo estamos.
Por unos instantes hace unos meses tuve esperanza de que el problema de desabasto fuera un problema meramente administrativo y que tomaría su rumbo y cauce pero no, el propio Presidente con sus declaraciones se ha encargado de hacernos saber que no le importa, que no le preocupa y que “no le quita el sueño”. A mi sí me quita el sueño y no pienso quedarme callada; tal vez no logre mucho, tal vez nadie me escuche, pero sin duda y de manera inevitable me solidarizo con todas esas personas que tienen cáncer y que buscan sobrevivir.
Me solidarizo con padres y madres de familia porque yo también tuve a un familiar enfermo de cáncer, me uno a ellos y me vuelvo una con ellos para sumar, porque mi intención no es denostar, ni golpear, ni dividir ni agredir; mi intención es que el Presidente escuche, abra su alma y corazón, se deje asesorar y de una vez por todas ponga orden, si es que es verdad que ama tanto al pueblo que tanto soñó gobernar.
