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¿Cuándo el ejercicio puede empeorar la enfermedad degenerativa del disco?

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¿Cuándo el ejercicio puede empeorar la enfermedad degenerativa del disco?
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El ejercicio físico es uno de los tratamientos fundamentales para el dolor de espalda crónico, pero determinadas actividades pueden empeorar los síntomas de la enfermedad degenerativa del disco, especialmente cuando existe inestabilidad en la columna vertebral. La diferencia no depende únicamente del tipo de ejercicio, sino también de la condición estructural de la columna y de la respuesta individual al movimiento.

Según información del Hospital Houston Methodist, el neurocirujano de columna Zachary Englander explica que mantenerse activo ayuda a conservar la fuerza muscular, la resistencia y la movilidad. Sin embargo, cuando un movimiento provoca dolor o síntomas relacionados con la compresión de nervios, continuar realizándolo puede resultar contraproducente.

La enfermedad degenerativa del disco consiste en el deterioro gradual de los discos intervertebrales, estructuras que amortiguan las cargas entre las vértebras. Con el paso del tiempo, estos discos pierden agua y pueden modificar la forma en que la columna distribuye el peso y absorbe los movimientos.

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Este proceso es frecuente con el envejecimiento y no siempre produce dolor. Por ello, Englander señala que los hallazgos de una resonancia magnética deben interpretarse junto con los síntomas, la exploración física y las limitaciones funcionales del paciente.

Cuando la degeneración discal altera la biomecánica de la columna, algunas estructuras pueden recibir una carga mayor de la habitual. Esto puede relacionarse con dolor lumbar, compresión nerviosa, debilidad en las piernas y alteraciones de la sensibilidad.

Para la mayoría de las personas con esta condición, caminar, nadar, practicar yoga y realizar ejercicios de fortalecimiento del tronco son actividades que pueden contribuir a reducir el dolor y prevenir el deterioro físico asociado con la falta de movimiento.

La situación cambia cuando existe inestabilidad espinal, como puede ocurrir en algunos pacientes con espondilolistesis, una alteración en la posición de las vértebras que puede comprometer los espacios por donde pasan los nervios.

En estos casos, levantar cargas pesadas o realizar movimientos repetitivos de flexión y extensión de la espalda puede agravar los síntomas, particularmente cuando se utilizan pesos excesivos o una técnica inadecuada.

Esto no significa que determinados ejercicios estén prohibidos para todas las personas con degeneración discal. Englander advierte que no existe un movimiento universalmente perjudicial y que cada programa de actividad física debe adaptarse a los síntomas y las capacidades del paciente.

La respuesta del cuerpo durante el ejercicio constituye un elemento importante para orientar esas decisiones. Si una actividad provoca dolor irradiado hacia las piernas, entumecimiento o debilidad, es necesario reconsiderar su ejecución y solicitar orientación especializada.

También existen señales de alerta que requieren una reevaluación médica, como la debilidad progresiva en las piernas, la aparición de alteraciones de sensibilidad, la reducción de la capacidad para caminar y el dolor que interfiere cada vez más con las actividades cotidianas.

Estos síntomas pueden manifestarse durante una rutina de entrenamiento, pero también al levantarse de una silla, caminar o entrar y salir de la cama. Su aparición no implica necesariamente que el ejercicio haya provocado un daño nuevo, aunque sí puede indicar la necesidad de revisar el estado de la columna.

El tratamiento inicial de la enfermedad degenerativa del disco suele incluir actividad física adaptada, fisioterapia, modificación de movimientos dolorosos y medicamentos antiinflamatorios cuando están indicados. En determinados pacientes con dolor irradiado hacia las piernas también pueden considerarse inyecciones epidurales de esteroides.

Cuando estas medidas no consiguen controlar el dolor o persisten síntomas neurológicos, una evaluación especializada permite determinar si existen alteraciones estructurales que requieren otro abordaje. Entre las posibilidades se encuentran procedimientos de descompresión o estabilización quirúrgica, aunque la consulta no implica necesariamente una operación.

Englander advierte que la persistencia de debilidad o entumecimiento puede dificultar la recuperación posterior, por lo que recomienda una evaluación oportuna ante cambios neurológicos progresivos.

En consecuencia, la enfermedad degenerativa del disco no exige abandonar el ejercicio, sino ajustar la actividad a las condiciones individuales. Mantenerse activo continúa siendo beneficioso para la mayoría de los pacientes, mientras que reconocer los movimientos que agravan los síntomas permite evitar esfuerzos contraproducentes y orientar el tratamiento.

NotiPress/Patricia Manero

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¿Cuándo el ejercicio puede empeorar la enfermedad degenerativa del disco?
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Mantenerse activo ayuda a conservar la fuerza muscular, la resistencia y la movilidad, sin embargo, cuando un movimiento provoca dolor puede resultar contraproducente.
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