DN-III Región 4-T

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Ethel Riquelme - Con la mirada de
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Por: Ethel Riquelme.- En las Fuerzas Armadas muy pocos saben a qué se refiere el Presidente y sus secretarios militares cuando hablan de un plan DNIII Covid-19. De los consultados, nadie sabe qué es eso, de dónde saldrán los recursos o cómo e cuidará al personal y sus familias. Porque en los hospitales militares no hay medicamentos, en las escuelas, como en la de Aviación en Zapopan, ya hay contagiados, pero no se atreven a confirmarlo y la estrategia de operación ya empezó a dividir los ánimos del alto mando.

Hay preocupación y molestia de unos, que no son pocos, porque no hay recursos, no hay claridad, no hay sensibilidad ni voluntad política para actuar con precisión y anticipación, justo como lo marcan los protocolos del DN-III y Plan Marina.

Y sin embargo, otro sector militar le ha hecho creer al presidente López Obrador que se ha creado un plan DN-III específico para esta emergencia, cuando en realidad se trata de una adaptación simplista de los catálogos y protocolos ya existentes, donde no se dimensiona la magnitud ni gravedad de un problema al que los soldados y marinos nunca se han enfrentado.

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“No puede haber un plan DN-III nuevo para esto, operamos el mismo; pero tampoco puede haber algo ya existente al respecto porque simplemente no hay referencias de algo parecido” y, en efecto, los soldados y marinos han combatido diarreas, dengue, paludismo y mordeduras de serpientes, así como apoyado campañas de vacunación, pero ellos y México entero nunca había enfrentado una situación así.

Las Fuerzas Armadas no pueden asumir riesgos de ese tamaño sin capacitación, preparación, equipo, recursos y apoyo del sector salud. Si quieren engañar al Presidente que lo hagan, pero en los hechos sabemos que sólo tenemos lo que tenemos, el mismo plan que está probado es para todo”. Un error más es hacerle creer que con ello regresará de inmediato a la normalidad, porque “el DN-III es un acompañamiento del Estado, es más un paliativo al dolor y la desesperación de la gente, no tenemos soluciones mágicas y menos para algo de este tamaño”.

El pasado 12 de marzo, en conferencia matutina, el presidente Andrés Manuel López, señaló al Ejército como responsable de este plan que, según trascendió, consta de 28 páginas, fue integrado por el Estado Mayor de la Secretaría de la Defensa Nacional en sus áreas Operativa, administrativa y de logística y se traduce particularmente en asuntos de seguridad y apoyo social a la paz pública. Aunque Sedena asegura que quien lo operará es la GN.

Pero con o sin plan, otra molestia de los mandos es que en muchos casos no se han dictado órdenes superiores relacionadas con la seguridad del personal, autorizaciones de ausencia, escalonamiento, etc.

El argumento oficial es que cada mando territorial es libre de tomar las decisiones que considere conducentes, en otras palabras, que se rasque con sus propias uñas o le pida a su estampita personal que lo proteja.

En esa condición, los soldados y marinos de México podrían convertirse no sólo en las mayores víctimas numéricas de la pandemia, sino en los más insensibles portadores del contagio por desconocimiento real del tema, por movilización y desplazamiento sin protección y por un asunto de mero lucimiento, dicen.

A diferencia, un comandante de región militar consultado asegura con orgullo, que ya se encuentran listos, con personal, miles de ellos para salir a atender a la población dentro del Plan DN-III y Plan Marina.

—¿Usted lo conoce?. “No, pero se opera de la misma forma en que se hace el ­DN-III tradicional y se siguen las indicaciones precisas que en cada momento van llegando; ya se integró al personal, ya estamos en espera de órdenes y lo que creemos es que atenderemos casos de muy alto riesgo, llamados de emergencia y apoyo a otras instituciones”.

Aunque la voluntad de apoyar es incuestionable, lo que reflejan es una preocupación por los sitios a donde llevarían a las personas infectadas, los contagios de ellos y sus familias e incluso la negativa a que llegue un momento de tal dimensión en la crisis que deban subrogar los hospitales militares para atención de público abierto.

Por encima de las diferencias, las dos partes coinciden en que la autoridad civil, ante esta emergencia, actúo con enorme pasividad, ausencia de reacción inmediata por falta de información, carencia de definiciones al respecto y falta de comunicación efectiva para proponer y actuar.

Desde finales de febrero, las Fuerzas Armadas tenían una dimensión agravada del problema, mediante sus correspondientes agregados militares en el extranjero —algunos de los cuales se regresaron a México—y de los que están asignados en el territorio, cuando se pudo actuar conforme al plan DN-III que marca como primera fase la prevención y luego el auxilio.

Lo que corresponderá al Plan será entrar con todo el personal necesario para reparar los daños, para la reconstrucción y la recuperación del ritmo de la sociedad; una fase que no será menor si consideramos los daños económicos que este periodo conlleva y el verdadero desmantelamiento del sector salud.

Pero la mejor tarea del Ejército con sus propios planes, sin rimbombancia, será paliar el desgaste que sufrirá la confianza del Gobierno, que nuevamente se vio rebasado por la sociedad.

Este Gobierno actuó lento y desatinado cuando no hizo uso del mejor contrapeso en la percepción de desastre que pueda tener la sociedad: sus soldados y marinos, como lo hemos visto en muchas pruebas del destino hidrometeorológico, sísmico y volcánico de nuestra Nación con resultados loables.

Twitter: @Ethelriq
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En las Fuerzas Armadas muy pocos saben a qué se refiere el Presidente y sus secretarios militares cuando hablan de un plan DNIII Covid-19.
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