Mayra G. Portillo

A estas altura resultan ya transparentes los mecanismos con los que opera esa permanente campaña que llevó Andrés Manuel López Obrador a la presidencia. Todos entendemos cómo conectó con los sectores que formaron su base electoral: el lenguaje simple y plagado de frases coloquiales pero potentes, capaces de permear en la memoria de la gente del mismo modo que lo hace el slogan de una marca.

La constante crítica a las administraciones que le antecedieron han constituido otro eje rector de su campaña, electoral y presidencial. Administrar el resentimiento, la pobreza y las necesidades son su indiscutible talento. Probablemente el único.

Así, transcurridos los primeros 18 meses de su gestión, seguimos escuchando las frases triunfalistas, casi proclamaciones de López Obrador, “Hemos erradicado la corrupción” repite una y otra vez, mientras leemos sendas investigaciones periodísticas sobre millonarios contratos que adjudica el gobierno de manera directa a familiares y amigos de sus funcionarios más cercanos, quienes, por azares del destino, van cayendo enfermos, víctimas de ese ingrato virus que nos tiene confinados. “No nos comparen, yo soy honesto, diferente, humanista” dice de sí mismo sin asomo de incómodas modestias, al tiempo que niños con cáncer se quedan, de un plumazo, sin quimioterapias; mujeres violentadas reciben un portazo en la cara cuando acuden por ayuda y miles se quedan sin trabajo mientras ven desaparecer el Servicio Nacional del Empleo.

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Ese discurso simple, por momentos pueril, no ha evolucionado con el correr del tiempo, el presidente sigue empleando ese tono cansino, lento y ocurrente, solo interrumpido por breves episodios de ira al ser confrontado. El tono permanece pero el discurso se radicaliza, una segunda etapa se desliza suavemente, sin muchos aspavientos empieza a soltar con más frecuencia apologías a la pobreza, dignificándola, haciéndola deseable. Haciendo parecer lógica una dieta absurda basada sólo en granos, enalteciendo ese único par de zapatos parece decirnos, acostúmbrense, ser pobres equivale a ser buenos.

La descarada repetición a la que somos sometidos todos los días, fines de semana incluidos a través de comunicados casuales que cuidadosamente lo muestran como un hombre sencillo, haciendo jardinería, recorriendo algún paraje que le resulta hermoso y le arranca del pecho reflexiones imposibles de no compartir; esa repetición es clave, sin ella su mensaje se diluye, se debilita al grado de romper el hechizo, “Eso quisieran mis adversarios” exclama con una sonrisa cómplice, que invita a quienes lo escuchan a asentir con la cabeza sin tener claro el porqué, pero seguros de que es la respuesta demandada.

La repetición es una tarea ardua que descansa en los hombros de sus huestes, la necesaria resonancia de sus afirmaciones es parte de los deberes de el gabinete en pleno y una buena cantidad de cuentas sin rostro en redes sociales. Puede constatarse en las declaraciones de cada funcionario con cierta relevancia acerca de lo acontecido hace unos días en Jalisco, las voces de este ejército formaron un disciplinado coro condenando al gobernador Alfaro.

La mañana de este martes nos ofrece una espléndida panorámica de la desesperación del régimen, el propio aparato gubernamental, ocupado desde hace semanas en la concientización popular sobre los peligros de la “infodemia”, ese tumor que amenaza nuestra sociedad con sus fake news, anuncia espectacularmente el descubrimiento de un bloque opositor al presidente, formado por los más diversos personajes, todos conocidos en la vida pública, todos críticos de las incongruencias de sus actos y exigentes de respuestas, información de la que, ellos mismos confiesan, desconocen el origen y autoría.

Lo que podría haber significado un exitoso golpe a su cada vez más gruesa oposición, de no haber cometido el pequeñísimo error de evidenciar ese inexplicable gusto por las nomenclaturas simplonas, casi infantiles, de asociación con el bien y el mal. Una Boa bien puede sustituir en la psique colectiva a la serpiente bíblica que representa el Mal, con mayúsculas.

Ese solo hecho dejó de manifiesto su firma, convirtió un gran esfuerzo en una monumental fake news y un memorable chiste nacional.

No hagamos involuntario eco de mensajes fallidos, la repetición seduce, distrae, pero importa.

@PortillogMayra

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La repetición, un lenguaje limitado pero cumplidor
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La repetición, un lenguaje limitado pero cumplidor
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1 Comentario

  1. Vas a necesitar un guarda espaldas Mayra tu redacción cobra cada vez mas impacto en los lectores. Ya eres líder de opinión, eres admirable por cierto me ofrezco a velar por tu integridad pero necesitáremos una bazuca muy potente ahhh. Un abrazo amiga estoy orgulloso de ti.

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